Los desafíos que enfrenta Chile en el ámbito alimenticio por el COVID-19

En el Día del Nutricionista, el director Samuel Durán se refiere al impacto que ha generado el COVID-19 en la alimentación de los chilenos. “Pese a que somos una potencia alimentaria, no somos capaces de autoabastecernos”, destaca.

Samuel Durán es director del Magíster en Nutrición en Salud Pública.

 

“La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), advierte un alza de precios en algunos alimentos. El motivo principal es que los grandes productores de granos y otros productos están acaparando las reservas y no lo están exportando”.

Chile, que durante las últimas décadas se ha jactado de ser una potencia alimentaria, podría sentir o está sintiendo esta alza de precios. Es posible comprobarlo en diversos alimentos de la canasta, como son el pan, los huevos, la leche, el arroz, las carnes, las frutas y las verduras. Dicha alza tiene un impacto mayor en los chilenos de menos recursos y en la clase media”.

“Chile importa el 20% de los lácteos, el 40% de los granos y el 50% de las carnes. Es decir, pese a que somos una potencia alimentaria, no somos capaces de autoabastecernos en alimentos de consumo básico”.

“Por otra parte, la dificultad de mantener en todas las comunas las ferias libres por temor al contagio por COVID-19, disminuye el acceso en especial a frutas, verduras y legumbres. Estos son alimentos claves para una adecuada alimentación. Su consumo, ya muy bajo en personas de menos ingresos, es un factor protector frente a la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial y las dislipidemias”.

“Como una solución, se ha incrementado el delivery de estos productos. Sin embargo, estas entregas no están focalizados en los menos necesitados, sino en quienes pueden pagar y tienen acceso a internet, limitado en muchos lugares”.

El Estado debe proteger los circuitos de alimentos que van del campo a la mesa para que no se interrumpan. No debe dar lugar a la especulación o intermediarios que terminarán incrementando el valor de los alimentos saludables, e incrementarán aún más el consumo de alimentos baratos que se caracterizan por ser ricos en azúcar, grasa y sodio, causando mal a la salud de los chilenos”.

“Esto nos hace replantearnos qué queremos como país. Por un lado, uno que pueda producir alimentos de alta calidad para el mundo, pero por otra parte que pueda fortalecer al ámbito campesino para que podamos autoabastecernos con alimentos sanos, seguros y a precios razonables. Quizás estas circunstancias se repitan en el futuro, y debemos estar mejor preparados”.

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